jueves, 29 de enero de 2009

Regreso a la 'Casa do Demo'



' A Casa do Demo' es el nombre con el que se conoce a una modesta vivienda campesina de la aldea coruñesa de Anllóns, que fue abandonada por sus habitantes tras ocurrir en ella fenómenos para los que aún hoy no encontramos explicación. Si nos atenemos a las informaciones sobre casas encantadas que han trascendido hasta la fecha, estaríamos ante uno de los primeros poltergeists documentados en la historia de España.

Los hechos, que se convirtieron en leyenda, se remontan a los últimos meses de 1899, si bien fue en mayo de 1900 cuando se hicieron públicos y notorios para toda una cormarca. Una anciana de nombre Juliana Rodríguez, y su nieta, María Cundíns, necesitaron del auxilio de los vecinos y la intercesión de la Iglesia para librarse de los fenómenos que acontecían en su morada. Los misteriosos sucesos habían empezado a producirse pocos meses después de que falleciera el marido de la anciana.

Fenómenos inexplicables
El párroco de San Félix de Anllóns, Juan Antonio Cambarro, fue el primero en conocer los sorprendentes sucesos por boca de la propia Juliana, que luego él mismo describe con todo lujo de detalles en una carta en la que relataba su experiencia al periodista del Eco de Santiago Prudencio Landín. Recuerda Combarro como a principios de febrero de 1900 Juliana había venido a la rectoral para que le hiciese el aniversario a su marido, José García Pérez. Nada habría de sorprendente en esta petición de no ser por las razones que aducía para que el acto religioso se hiciese cuando antes. “Tenía el temor de que ese descuido fuese la causa de las mil vejaciones que venia sufriendo en su persona y domicilio, lo que no había dicho antes por temor a que su buen nombre quedara en descrédito.

En la misiva queda patente el escepticismo inicial del clérigo: “Como era natural yo principié a reputar su narración por cuentos de viejas, teniendo yo prevención contra tales narraciones y en casi la totalidad de los casos suposiciones de alucinados”. Pero no tardó en cambiar de opinión cuando, movido por la insistencia, acudió a bendecir la vivienda, comprobando con sus propios ojos como se las gastaban los supuestos espíritus. “De repente cae ante mis ojos una piedrecita con suave proyección al suelo; algo me alarmó y avivó mi diligencia para examinar la posibilidad de una causa natural.

No se hizo esperar mucho la caída de otra piedra en condiciones que me hizo dudar en forma. Muy pronto cae a mi lado un pilón de una romanan y luego una mano de un paraguas, trastos abandonados que no se sabían que existieran en la casa. Para disipar mis dudas, se posan como unas seis o siete patatas con suave proyección que en una piedra a nivel apenas se esparramaron, siendo esféricas como se sabe y con toda evidencia quedé convencido que la cosa era prodigiosa y las narraciones de la anciana y mas vecinos eran verdad”.

Desde entonces Combarro ya no volvería a pisar la vivienda aquejado “por no se que temor”, aseguraba. Pero no queriendo dejar desamparadas a Juliana y su nieta emitió un informe dirigido al cardenal Arzobispo de Santiago Martín de Herrera, solicitando su intervención. La iglesia comenzaba a mover sus engranajes.

La noticia llega a la prensa
Los sucesos de la que pronto dieron en llamar A Casa Do Demo iban de boca en boca. En la comarca no se hablaba de otra cosa El Eco de Santiago, un diario Compostelano muy popular por aquellos años realizó extensas y descriptivas crónicas de los tormentos a los que eran sometidas casi a diario Juliana y su nieta. La primera noticia publicada por este rotativo aparecía el 19 de mayo de 1900: “A la anciana le tiraban del cabello, por la ropa, hasta rasgársela, la palmoteaban, la escupían…Los que presenciaban los efectos sólo veían el movimiento con fuerte tensión pero sin el agente. Muchos interesados en conocer al agente invisible, recogían las patatas, piedras, etc, y las marcaban. Sin verlas desaparecer volvían en seguida partidas en dos con el jugo fresco por la partidura. Se desprendía la tapa del horno para venir a golpear la espalda de la anciana, así como los tiestos, palos y otros objetos. Un día tanto se anduvo jugando con un tiesto que la anciana mandó que la nieta lo cerrara en la artesa, vuelve al juego dicho tiesto”. Todo sucedía según nos cuenta el corresponsal, ante los ojos de numerosos testigos. Algunos de ellos como el farmacéutico Severiano Mesías, o el juez municipal, “señor Mosquera”, son definidos en las crónicas como “personas digna de crédito fuera de toda sospecha” que no creían en estos fenómenos salvo con supercherías.

En los días siguientes a la publicación de la noticia, los sucesos se hicieron más intensos y frecuentes hasta alcanzar manifestaciones especialmente violentas. Tanto la anciana como su nieta, a quién la mayor parte del tiempo no parecieron afectar los hechos, eran ahora zarandeadas y arrastradas por los cabellos por una fuerza invisible que, al parecer, también las sometía a tocamientos y lo que aparentaba abusos sexuales: “Notará Ud. Que nada le dije a la niña, nunca se asustó porque a ella nada le hacían, pero le llegó su hora y fue palmoteada y apedreada y hasta con dos cuerdas con un lazo se las arrollaron a la garganta, hasta no dejarla gritar y zarandeándola por la cocina. De esto la niña estaba triste, llena de temor por lo que pudiera sucederle”, explica la crónica del cura.

Intervención eclesiástica
La notoriedad de los sucesos de Anllóns fue tanta que finalmente el cardenal Martín de Herrera decidió atender a las peticiones del párroco y nombró una comisión para que investigara lo que allí sucedia. También el notario de Ponteceso, Manuel Vázquez Amarelle, se desplazo hasta el lugar para levantar acta de lo sucedido. Combarro concluye que los sucesos dejaron de producirse cuando la anciana y su nieta abandonaron el lugar y fueron a vivir a “casas diferentes de familias honorables”. Los siguiente que se sabe de las involuntarias protagonistas es que la anciana murió pocos meses después y su nieta María Cundíns se fue a América con unos parientes. Su pista se pierde ahí.

Extraños inquilinos
Desde entonces la leyenda negra de A Casa Do Demo quedó grabada en la memoria de los vecinos de Anllóns. Los mas ancianos recuerdan que a pesar de que la soledad y abandono parecieron convertirse de en su estado natural, la vivienda no permaneció del todo deshabitada. Se cuenta que durante la guerra civil, los maquis pernoctaban en ella, pues al tener fama de lugar maldito les pareció segura para eludir los controles de la Guardia Civil.

Se habla también de un hombre de baja estatura, que vestía ropas de monje y llevaba colgados un amplio repertorio de medallas, estampas religiosas y escapularios, que fue acogido en la vivienda a principios de los años sesenta. Este inquietante ermitaño tuvo un final trágico acorde a la leyenda de la 'Cada do Demo', pues murió violentamente, atropellado por un automóvil cuando caminaba por la carretera. En tiempos mas recientes los niños del lugar, seguramente atraidos por las fantásticas historias  del pasado, adoptaron el inmueble como lugar para sus juegos, uno de los cuales consistía en escarlar los muros desde el interior para arrojarse sobre la paja almacenada en el solar. Al escuchar sus risas rebosantes de felicidad nadie se atrevería a pensar que el recinto en el que ahora se divierten fue considerado en otro tiempo un lugar maldito. 

Texto y Fotos: Jesús J. Blanco.
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