lunes, 1 de enero de 2007

Memoria de la Obra Sindical 18 de julio.


Mercedes Outes acaricia ligeramente con sus dedos de cuidadora los bordes amarillentos de una fotografía ajada por el tiempo. En ella la vemos examinando la temperatura que marca el termómetro, pero todo parece un poco fingido, ensayado de antemano, con el fin de lograr la apariencia de naturalidad, tras el la que se esconde un guiño de complicidad.
“Me la hizo mi hermano, en la calle del Horreo, en la antigua obra sindical del 18 de Julio”. confiesa con un poco de rubor. Ese fue su primer contacto con la Enfermería cuando todavía no contaba con una titulación, pues en 1955, año en el que fue tomada la foto, Outes hacía las veces de auxiliar mientras cursaba el bachillerato nocturno, tenía por entonces 18 años. “A veces me dan ganas de escribir algo muy bonito”, y su mirada se pierde lejos, tanto como el tiempo...
Recuerda muy bien la obra sindical 18 de julio. Un peculiar centro de salud y prácticamente la única entidad que solucionaba los problemas asistenciales de tipo hospitalario por aquellos años. Sus beneficiarios eran sobre todo trabajadores. Pescadores de bajura , pero también de alta mar, procedentes de lugares como Boiro, Ribeira, Castiñeiras o Cabo da Cruz o agricultores y gentes del campo de la zona de Ordes. Personas humildes, sencillas, sin muchos recursos, que encontraban en esta institución unas prestaciones muy parecidas a nuestra actual Seguridad Social.
La Obra Sindical tuvo como primer director al doctor especialista en Otorrino Daniel Cajade Rey que, años más tarde, sería sucedido en el cargo por el también doctor Alfonso Díaz Cardama.
Todavía muy lejos del traspaso de competencias a las autonomías la Obra Sindical dependía directamente de Madrid, a donde se enviaban con regularidad todos los informes relativos al funcionamiento del centro y a la contratación de personal.
El hospital, que posteriormente pasaría a llamarse Nuestra Señora de Fátima, contaba entonces con tres plantas, dos quirófanos y unas 15 habitaciones.
Mercedes recuerda que la jornada de trabajo era muy intensa. “Trabajaba muchísimo. Estaba allí todo el día y sólo libraba los viernes de seis a diez de la noche”.
Estas condiciones se intensificaron aún más cuando falleció el padre de Mercedes Outes, que había sido durante muchos años el conserje de la Obra Sindical. A partir de entonces fue su hija quien asumió esas funciones, que se sumaban a las que ya realizaba en el cuidado de los pacientes.
Y que decir de los materiales quirúrgicos, Mercedes Outes aún no se puede creer que se haya avanzado tanto en sólo unos años. “Cuando estudié en Santiago teníamos que hervir las sondas y los goteros y hasta afilar las agujas” explica.
Las inconveniencias de unas modestas instalaciones y las duras condiciones laborales se veían compensados de sobra por el compañerismo y el buen ambiente de trabajo. “Recuerdo con mucho cariño a los compañeros. Eramos como hermanos, una familia muy grande y muy bonita..". Entre ellos se encontraban Bernardino Beiras Buceta y Alejandro Beiras Torrado, primo carnal y hermano respectivamente de Xosé Manuel Beiras. También el doctor Ángel Sinde Morón, a quien Mercedes Outes recuerda con un cariño especial.
A la veterana enfermera le cuesta apartar la mirada de esa fotografía. Pero los recuerdos se vuelven borrosos, se difuminan hasta diluirse en una sonrisa llena de ternura, que también parece desdibujarse. "No todo se perderá", piensa Mercedes. Y tiene razón. Las vidas que salvaron, las heridas curadas, las palabras que confortaron en la soledad. Ese es el legado más importante de la Obra Sindical y el que dota de sentido toda una vida de dedicación a los demás.
TEXTO: Jesús J. Blanco
FOTO: Cedida por la Enfermera Mercedes Outes.
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